Narrar el presente desde sus grietas: una conversación con Felipe Hugueño
- literaturanyc
- 9 abr
- 5 Min. de lectura

Desde la observación cotidiana hasta la especulación futurista, la escritura de Felipe Hugueño se mueve en un territorio donde la experiencia humana dialoga constantemente con los dilemas contemporáneos. Su narrativa transita entre la migración, el lenguaje, la memoria afectiva y los impactos de la tecnología en la vida moderna, construyendo relatos que combinan realismo social, introspección psicológica y ficción especulativa. A través de personajes situados en espacios de frontera —lingüística, cultural o emocional—, su obra examina las tensiones silenciosas que definen nuestro tiempo.
En Ecos de Ficción (Five Points Publishing, 2026), Hugueño reúne cuentos y microrrelatos que exploran desde encuentros íntimos marcados por la culpa o la nostalgia hasta futuros posibles atravesados por la crisis ambiental y la inteligencia artificial. El libro propone un mosaico narrativo donde conviven lo humano y lo posthumano, lo personal y lo colectivo, invitando al lector a reflexionar sobre identidad, pertenencia y supervivencia en un mundo en constante transformación. En esta entrevista, el autor reflexiona sobre los orígenes del libro, sus preocupaciones temáticas y el lugar que ocupa hoy la ficción frente a una realidad cada vez más incierta.
En Ecos de ficción conviven relatos profundamente humanos con escenarios futuristas y especulativos. ¿Concibes la ficción como una forma de anticipar el futuro o como una manera de reinterpretar el presente?
Ecos de ficción tiene algunos relatos con escenarios futuristas, pero la gran parte de los relatos, en mi opinión, no los considero futuristas. Puedo estar equivocado, no lo sé. Con lo que sí concuerdo de tal caracterización es con el adjetivo “especulativos” porque cada cuento o relato tiene aspectos imaginados. Con la excepción de la sección relatos, que son más fieles a lo que mi amigo Paul me contó en momentos compartidos, el resto del libro se basa en situaciones hipotéticas o en conjeturas, que en muchos casos quedan abiertas al lector, para que ingrese y las llene por sí mismo o sí misma. Diría que especular tiene que ver con su raíz original, la de mirar u observar, pero en este caso, permito que los lectores vean a través de mi narración para que decidan ver lo que ellos quieren ver o para que vean lo que están programados a ver.
Muchos de tus cuentos parten de experiencias cotidianas —consultas médicas, aulas, relaciones afectivas— que luego se desplazan hacia conflictos éticos o existenciales. ¿Cómo trabajas ese tránsito entre lo real y lo imaginado?
Creo que los temas y las cuestiones más complejas que tratan o, que por lo menos, rozan la ética y nuestra existencia son mejor exhibidos con ejemplos relevantes y simplificados. Al ser relevantes, son reales para nosotros y es ahí donde la magia ocurre— cuando el lector puede relacionarse con lo imaginado de tal manera que se le hace real a él o a ella.
En relatos como “Intérprete”, el lenguaje aparece no solo como herramienta de comunicación, sino también como espacio de culpa, poder y silencios. ¿Te interesa explorar la traducción como metáfora de la identidad migrante?
Bueno, quizá como ya sepas, yo he trabajado de intérprete en citas médicas para pacientes y siempre me ha llamado la atención el poder o autoridad que tiene el intérprete en ese triángulo profesional. Aunque esté entrenado a ser objetivo e imparcial en sus interpretaciones, siempre hay una subjetividad inherente en el rol que cada cual la aprovecha o desaprovecha consciente o inconscientemente. Y los silencios, a veces comunican mucho más que las mismas palabras. Claro, basta con pensar en el cine, por ejemplo, cuando ciertos actores se callan cierta información, y bueno con esa imagen de interpretar como metáfora, yo me estaba imaginando una escena de alguna película. Yo, como intérprete observo y analizo inconscientemente esta escena frente a mí, como si estuviera viendo una película en la televisión. Y en muchas ocasiones, esta escena de interpretación de y para los inmigrantes, me fascinaba. Hay tanta dinámica entre los papeles— paciente y doctor, angloparlante e hispanohablante, hombre y mujer, privilegiado y menos afortunado, joven y viejo, y otras relaciones que se pueden imaginar. Y para mí, esa diversidad de relaciones es representativa de las miles de realidades de los inmigrantes en un país extraño. Yo solo esperaba traducir y transcribir esas interpretaciones al papel.

“La Migra” transforma un juego escolar en una inquietante representación de violencia simbólica y jerarquías sociales. ¿Crees que la ficción permite revelar aquello que la normalidad social prefiere ignorar?
Claro que sí. La ficción se presta para agitar las normas sociales, y algo tan inofensivo como una versión corrompida de los policías y los ladrones puede resultar sumamente eficaz como ejemplo. Y ha habido otras versiones, quizás igualmente ofensivas como la de los vaqueros e indios. Con este cuento quería demostrar cómo ciertos prejuicios pueden ser inculcados de manera tan natural en nuestras vidas y en las vidas de nuestros hijos. Por eso, el cuento tiene un subtítulo, “un cuento de adolescentes,” para mostrar esa borrosidad entre lo pueril y la adultez, esa adquisición de conciencia moral, y mostrar que los adultos, en este caso, los maestros— los que supuestamente saben diferenciar entre lo correcto y lo incorrecto— , también participan, con complicidad, al observar este famoso juego de “la migra.”
En cuentos como “La pesadilla inteligente”, la inteligencia artificial genera más ansiedad que progreso. ¿Su mirada hacia la tecnología es crítica, ambivalente o simplemente humana frente a lo inevitable?
La IA es tan controversial hoy en día que creo que todas las perspectivas que mencionas son válidas. No lo hice a propósito, o por lo menos, no lo pensé hacerlo. Quizá haya sido mi subconsciente el que se haya manifestado al momento de escribirlo. Y digo tal porque hay ciertos miedos en el cuento que son muy míos, como el miedo a que el clima sociopolítico en el que vivimos ponga en riesgo mi labor como docente de español y de culturas hispanas, y también está el miedo a que mi hija pierda el español, esa lengua de sus abuelos y padres. Y ahora que me haces equilibrar la IA en una balanza, pienso en otras posibilidades y temas que debemos hablar, como si los beneficios de la IA sobrepasan o no el daño que causa, por ejemplo, al medio ambiente. Otra vez, creo que este cuento hace un buen trabajo abriendo puntos de discusión y cada lector tendrá que evaluar la IA por su cuenta. No quiero imponer mis interpretaciones, sino abrir el camino a la discusión.
Varios textos presentan personajes que viven entre idiomas, países o sistemas culturales. ¿Considera que sus personajes habitan permanentemente un estado de traducción emocional?
Sí, cada persona es una constelación de planetas. Yo no soy el mismo hablando inglés que hablando español. Tampoco soy la misma persona con mis colegas que con mis amigos. Yo tengo que negociar mi identidad según ciertos factores situacionales. Y además, con el tiempo y experiencias, uno morfa. De hecho, este libro es una prueba clara de un cambio en mi persona. Es mi primer libro de narrativa, y ahora negocio y vacilo entre la poesía y la narrativa. Es una transformación que acepto con agrado.
El libro alterna cuentos extensos con microrrelatos, cambiando ritmo y respiración narrativa. ¿Cómo decide la extensión adecuada para una historia? ¿El relato encuentra su forma o el autor la impone?
Me gustaría pensar que el relato dicta su forma, pero debo también admitir que yo aprecio la economía de palabras cuando escribo. Quizás sea así porque así es mi poesía, o quizás porque me gusta dejar que el lector interprete por sí solo. Siempre he pensado que las lagunas en la narrativa son claves, como el silencio en las conversaciones. Y, como lo he dicho antes, no me gusta imponerle mis interpretaciones al lector.
¿Qué tienes en mente para publicar en el futuro? ¿Qué estás escribiendo?
Tengo en mente un poemario, pero debido a su naturaleza de contenido, creo que es prudente esperar para publicarlo. Sin embargo, hay tanto material en estos momentos que me inspira a desarrollarlo, que se me hace adictivo. Como no pienso todavía publicarlo, espero que otras fuentes de inspiración aparezcan en el horizonte. Otra tirada de cuentos no vendría nada mal.



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